domingo 28 de junio de 2009

De sueños y despertares.

Aquel cálido invierno florecieron pronto los almendros, los políticos no nos mintieron, el mar estuvo tranquilo y sereno. En primavera cayeron las hojas de los árboles para alfombrar las alamedas, dejamos por un instante de tocar el cielo, para tomar impulso, rozando sólo un segundo el suelo. El mar se copió el color rojo de la luna nueva. El verano pasó rápido y frío, cómo siempre. El otoño trajo consigo una explosión de color a la ciudad, la realidad parecía un sueño. El mar cubrió los valles y la vida se abría paso de nuevo.

El calor de tu cuerpo se disipó en un instante, la luz de tus ojos se extinguió en el siguiente. El eco de tu voz se hizo inaudible y el tacto de tus manos imperceptible. Las estaciones se reordenaron y el mar azul e inmenso, se trago mis sueños. Los despertares de soledad son trémulos, eternos, inertes y yermos. Todo lo contrario de los sueños prohibidos en los que aún todo está permitido.

sábado 23 de mayo de 2009

La mentira.

Recuerdo tu cuerpo, el lugar en el que tus miradas buscaban mis ojos. El lugar en que mis burlas provocaban tus sonrisas. El lugar en el que buscabas que mis manos rodearan tu cintura. El lugar en el que mis labios te llamaron. El lugar en el que te dejaste seducir. Recuerdo el ritmo de tus caderas, acompasado al ritmo de mis latidos. Recuerdo tus labios, acercándose a los míos. Tu sonrisa, después del primer beso. Tus manos rodeando mi cuello. Las canciones que te acercaron a mí.

Recuerdo tus besos con sabor a despedida. Tus excusas. Aquellas que construían un muro invisible entre Tú y Yo. Las que te permitían huir cada mañana de mi casa. Las que no querías justificar, las que intentabas olvidar durante la semana siguiente. Tú rostro cuando te dije que te quería.

Recuerdo el nuevo lenguaje que empezaste a utilizar al dirigirte a mí. La huida que emprendiste en aquel momento, en el que te mentí. El momento de aquella confesión incompleta. El momento de reservar algo más para un mañana que nunca llegaría.

Recuerdo el momento en el Tú seguías siendo la musa de estos estúpidos versos, mientras tu interés comenzaba a divergir de mis sueños junto a ti.

Recuerdo el abrazo con el que me dijiste adiós. Aquel beso en la mejilla con el que escribiste este punto y final.

Recuerdo las frases que no te escribí, los sueños que no te conté, las lágrimas que no llegaste a ver. Las razones que inventé para dejarte de querer. Los besos que dejé rodar sobre otra piel.

Recuerdo que fuiste la culpable de la mentira más bella que jamás imaginé.

sábado 9 de mayo de 2009

Héroe de leyenda.

Aquella tarde mientras me hablabas de todo lo que te había pasado, me fui de la mesa. No físicamente, pero mientras seguías hablando, ya no estaba. Porque de repente me sentí cómo un antiguo héroe de leyenda. Cómo un estúpido rey Arturo luchando contra los sajones, en nombre de Britania y Ginebra, sólo para que Lançelot se llevara a la chica.

Fue como descubrir al asesino, justo al principio de la película. Nada de lo que yo pudiera hacer o decir iba a cambiar el final. Y quería decir y hacer muchas cosas. Quería coger tu mano, cambiar de tema, jugar a seducirte. Hablar de arreglar el mundo, mientras ibas confiando un poco más en mi. Interrumpir de vez en cuando tus frases, con un comentario que te hiciera sonreír. Buscar las palabras improvisadas, para ir reduciendo el espacio que nos separaba. Sin embargo, me descubrí luchando contra todas y cada una de tus palabras. Las que me ponían en la categoría de amigo, las que construían un muro que no ibas a dejar que derribara. Cómo Don Quijote contra los molinos de viento. Primero al galope, un instante después abochornado y descuajeringado.

Y a pesar de todo seguí allí, clavado a la silla, interpretando a la perfección mi papel, el que tú me asignaste, el único que quedaba vacante. No fue culpa de nadie, pero fue rotundo. Cómo la derrota del héroe en su primera pelea contra el villano. En los cómics es una convención, pero aquella tarde fue toda una declaración de intenciones.

Ahora sólo me queda la excusa de tus mensajes, en los que quiero ver algo más de lo que dices, a los que les invento líneas intermedias que infundan valor a la tropa antes de la última batalla. Es más fácil que renunciar ya a ti. Porque has llegado justo en el momento en el que me siento preparado, después de tanto tiempo, me quiero arriesgar de nuevo. Así que voy a mandar tocar a degüello, al abordaje, sin concesiones y sin hacer prisioneros, una última carga de caballería, a todo o nada. Y te aseguro que no es por hacerme el héroe, que sé muy bien que a la mayoría acaban llevándoles flores a la tumba. Es porque tengo la estúpida impresión de que, al igual que en las películas siempre ganan los buenos, esta vez va a salir bien.

domingo 22 de febrero de 2009

Sabía que pasaría

Sandra siempre había dormido en aquel lado del colchón,
Antes incluso de la primera noche sabía que elegiría ese lado
Bastaba mirarla despacio, con atención, para que no importara la elección
Intenté hacerla feliz cambiando sólo los errores, pero acabé disfrazado
Al verla partir, el intento quedó frustrado y el disfraz destrozado.

Quise aprender la lección, recuperar la iniciativa y dar el siguiente paso
Un paso hacía delante, valiente y sincero, demostrando, no prometiendo
En vez de pensar: actuar, en vez de olvidar: luchar, para no seguir muriendo

Patricia melena rubia al viento y piernas infinitas, vino a romper el cuento
Aceptando las nuevas reglas de juego, entramos en la lucha cuerpo a cuerpo
Salvaje el ritmo, salado el sudor, dulces los besos, eterna la noche, cada momento
Al despertar, recorrían su espalda mis dedos, sonrió y olvidé un fugaz atisbo de arrepentimiento.
Resolví no hacer invitaciones, ni planes, y preparar dos cubiertos por si decidía quedarse
Inventé sólo una excusa, una frase bien escrita que recordarme si ejercía su derecho a marcharse
Aunque sabía que pasaría, olvidé a Sandra mucho antes que Patricia en su lado del colchón se instalase.

miércoles 31 de diciembre de 2008

Deja de hacerlo

Deja de hacerlo. Deja de perseguirme por las calles de cada ciudad, por las avenidas de París, por las esquinas de Madrid, por las tabernas de Berlín y los pubs de Dublín. Deja de escribir nuestros nombres en cada post de tu blog, en tu diario en cada renglón. Por favor deja de hacerlo.

Deja de buscar excusas para cruzarte en mi camino, deja de tentar al destino y deja que haga su trabajo el olvido. Deja de derribar los muros que levanto para alejarme de ti. Deja de cambiar de disfraz, al final la historia siempre acaba igual.

Deja de presententarte sin previo aviso, de enviar regalos envenenados. Deja de acabar mis historias con otra despedida. Deja de conseguir mi número cada vez que decido cambiarlo. Deja de susurrarme las palabras que me gustan. Deja de intentar hacerme feliz.

Deja de intentar hacerme cambiar, de creer que esta vez será diferente. Deja de hacerme creer que soy especial, deja de querer que te quiera.

Y déjame tal y cómo me encontraste: buscándote.

domingo 19 de octubre de 2008

Desmanes

¿Y ahora que hacemos con los desmanes cometidos? Con las promesas inclupidas, con las palabras hipotecadas. ¿Qué hacemos con los “te quieros” pronunciados? ¿Cómo recogemos las miradas furtivas, las caricias dedicadas?

¿Cómo respondemos las preguntas, con semilla de respuesta, formuladas? ¿Cómo nos deshacemos del lastre de la ternura derrochada? ¿Fue todo culpa de la pasión mal interpretada?

¿Me inventé el escalofrío de mis manos recorriendo tu espalda? ¿De tu besos destruyendo mis coartadas? ¿De tus manos deslizándose, apresurándose, desde mi pelo, por mi pecho, hasta más allá de la zona vedada?

¿Soñé que me amabas, que te amaba? ¿Pronuncié las palabras que entre susurros se te escapaban? ¿Dudé antes o después de que el viaje se iniciara? ¿Prolongué, acaso, el final que el tono de tu voz anunciaba?

No hubo más preguntas, ni más repuestas que las que te llevaste cargadas, guardadas y ocultas, en aquella pesada maleta. No hubo más mensajes que los que tú dejaste. No hubo más detalles que los tú, a nuestra historia, incorporaste.

No hubo más mentiras que las que tú inventaste. No hubo ni más, ni menos desmanes, que todos aquellos que me regalaste.

jueves 9 de octubre de 2008

Porciones y proporciones.

Todo empezó por culpa de una porción de queso. Era la última ración. Mis amigos esperaban que fuera capaz de cumplir mi palabra y llevarla hasta su mesa, celebrábamos mi último día de camarero en aquel local. Sin embargo, para ti era tu primer día, y la mesa 16, llena de elegantes hombres de negocios, quería la última porción de aquel queso para acompañar la carísima botella de vino tinto que acaban de pedir. Yo pensaba en mis amigos, tú en una buena propina. Tus proporciones lo echaron todo a perder.

Durante la porción de tiempo transcurrido entre aquel día y el instante de hoy, siempre había recordado aquella noche con una estúpida sonrisa pintada en la cara. Salvo esta mañana, que he notado que ese mismo recuerdo, sólo me hacía sentir estúpido y ya ninguna sonrisa me proporcionaba.

Mis amigos se quedaron sin porción, pero con una gran excusa para burlarse de mí. Poco después, al salir aquellos tipos de la mesa 16 y pagar la cuenta, tú te quedaste sin propina. Llegó la hora de cerrar y la última ronda la pagó el jefe, después de brindar, dejó otras dos botellas de Sidra abiertas sobre la barra y me dejó encargado de cerrar. A ti aún te costaba sonreír y la mayoría de mis amigos andaban subidos por las mesas, así que con mucho cuidado de no ser nada proporcionado llené tu copa e intenté acercarme a ti.

Nunca sabré que proporción del resto de aquella noche fue pura suerte y cual casualidad, necesidad o habilidad. Pero la porción de mi colchón que ocupabas por la mañana hizo que todo lo demás no importara.

Sin embargo, ahora que tanto tiempo después has decidido cerrar etapa, sin ni siquiera dar tiempo a repartir las porciones de culpa adecuadas, creo que al menos deberías haberme proporcionado alguna excusa inadecuada. Sólo para no dejarme proporcionándome excusas baratas, ni escribiendo raciones rancias de nostalgia.

viernes 11 de julio de 2008

El concierto de La Casa Azul

Era miércoles y yo me había tenido que pedir un día de vacaciones. El turno de noche no ayuda demasiado a la vida social de nadie, pero no podía dejar pasar esta oportunidad. Así que me tomé mi día de asueto, llamé a una amiga y a las 22:30 ya estaba todo preparado. La casa azul tocaba en directo en Lorca.

El lugar elegido por el ayuntamiento para situar el escenario del concierto no fue el más acertado según mi criterio y un miércoles por la noche de pleno mes de Julio tampoco parecía el mejor día, aún así el recinto se llenó de gente con ganas de pasarlo bien, saltar y bailar al ritmo de las canciones de Guillermo Milkyway. Y así lo hicimos durante casi dos horas, disfrutando de canciones como: Galletas, Superguay, Como un fan, Esta noche sólo canta para mí, La revolución sexual, Cerca de Shibuya, Chicos malos y otro puñado más de buenas canciones.

Un buen espectáculo lleno de ritmo y una buena puesta en escena, amén de un público algo más que entregado a unas canciones que, gusten más o menos al gran público, suenan de forma diferente. En definitiva una gran noche y un gran concierto.

Si tenéis la oportunidad, no os perdáis un directo de LCA, seguro que como mínimo será divertido.



sábado 10 de mayo de 2008

Ella81

De la casualidad surge lo eterno. Casual fue nuestro encuentro. De tu sensualidad, y de mi por fin encontrada audacia, nació mi romance con las palabras. De nuestras andanzas, mis mejores cartas, las que tu guardas. En nuestro adiós, se formó mi universo .

Las distancias se fueron haciendo interminables, y nuestros mundos quedaron en dos órbitas equidistantes, del lugar que juntos quisimos ocupar. Suspendido en el espacio, y el tiempo, te observo. Estás demasiado lejos, sin embargo eres el planeta más cercano. Eres la única esperanza de una humanidad que agoniza, en un mundo sin ti. Ahora soy como arrakis , y tú los océanos que saciaban mi sed.

Soy algo menos que un recuerdo difuso, en lo más profundo de tu memoria. Algo menos que una simple anécdota. Una página aburrida en mitad de un libro de aventuras. Simplemente, poca cosa.

Y ahora tendría que explicar que eres tú, pero no puedo. No sé como explicar que eres todos mis folios, mis noches de insomnio, el fantasma que veo en los espejos, el hueco vacío de mi cama. Los ojos que busco, los labios que anhelo, el único recuerdo que conservo. Y aunque mañana lo vuelva a intentar, sé que hoy tampoco podré explicar que simplemente, lo eres todo.

miércoles 26 de marzo de 2008

Rutinas

Vuelve septiembre y con el la rutina de la vida cotidiana. Llega el momento de despedirse de los amores de verano, de las aventuras de una sola noche, de los aquí te pillo, aquí te mato. De los besos frenéticos en el asiento de atrás de un coche.

Vuelve el sonido del despertador a las siete de la mañana, la cara larga frente al espejo, los saltos en la ducha cuando se acaba la botella de butano, el tráfico de la ciudad. Llega el momento de dejar que Dark descanse en el fondo de algún cajón, hasta que, quizá, vuelva algún otro concurso literario que lo haga despertar.

Y vuelve el barullo de la oficina, el sonido estridente de teléfonos, impresoras y gente por los pasillos que viene y va. Las broncas del jefe a todas horas, la hora de encontrar las malditas ganas de trabajar. La pantalla en blanco de mi ordenador y tú. Sobre todo tú.

Vuelven tus piernas largas, tus ojos infinitos, tu sonrisa y el sonido de tu voz a mis oídos. Vuelve la hora de olvidar notas sobre tu mesa, de enviar correos a tu cuenta, de enredar miradas entorno a tu falda, de convocar reuniones en la sala de juntas, a las que sólo asistiremos tú y yo. De retomar esta historia que nunca empieza, pero que no acaba.

Vuelven tus labios a mi boca, tus manos a mi cuerpo, tu cabeza a apoyarse contra mi pecho. Vuelven las noches de los besos dulces, de las caricias sin prisa, de desnudarte pausadamente, de besarte detenidamente. Vuelven las horas de hacer el amor al ritmo de tus caderas, de susurrarte las palabras que provocan tus besos improvisados, que aceleran el ritmo de nuestra respiración, las horas de verte dormida sobre mi colchón, de ser el guardián de tus sueños, de soñar que algún día ya no te querrás marchar.